Solo un futbolista con su talento y con su prodigiosa visión periférica los puede ver. Solo alguien que vive en el campo de juego dos segundos por delante del resto de los mortales es capaz de ejecutarlos.

Desde sus 170 centímetros de estatura pareciera que todo lo controla. Solamente así es posible que invente un pase en una jugada que no pide pase, o que presuponga el movimiento de algún compañero cuando éste ni siquiera apuró la carrera para iniciarlo.

Ocurrió cientos de veces en su trayectoria. Y sigue sucediendo: en el Mundial, rodeado de las principales estrellas del fútbol del planeta, y en la Major League Soccer (MLS), un torneo en el que Lionel Messi, a los 36 años, hace estragos con sus goles, ofrece destellos creativos únicos y convierte en una máquina de ganar a un equipo que, hasta su llegada, no había obtenido una victoria en sus últimos 11 partidos y navegaba por el fondo de la clasificación de la Conferencia Este.

El 9 de diciembre del año pasado, con la albiceleste puesta, «La Pulga» bregaba por acceder con la selección argentina a las semifinales del Mundial de Qatar. El partido ante Países Bajos era duro, friccionado y con pocas llegadas claras a los arcos, hasta que, en el minuto 34, Messi tomó la pelota en tres cuartos de cancha, encaró desde la derecha hacia el centro como tantas veces en su carrera y entre cuatro rivales filtró un pase geométrico, imposible de ver, para que Nahuel Molina marcara el 1-0.

Geométrico pase de «La Pulga» para el 1-0 de Argentina sobre Países Bajos en el Mundial de Qatar.

Contó el jugador del Atlético de Madrid, una vez concluida la Copa del Mundo, que el seleccionador argentino, Lionel Scaloni, había insistido en la previa a ese duelo de los cuartos de final que la clave para ganar estaría en sus incursiones ofensivas por el lateral derecho. El laboratorio dio resultado, pero la asistencia sin mirar de Messi, aquel pase intuitivo, fue, lisa y llanamente, de otra galaxia.

Volvió a suceder este sábado en el Red Bull Arena de Nueva Jersey, en su debut oficial en la MLS. El astro rosarino apenas jugó la última media hora del partido ante New York Red Bulls y participó poco del desarrollo del encuentro. Pero, a los 88 minutos, decidió dejar su marca con otro pase antológico en el armado de la maniobra con la que Inter Miami CF selló su victoria por 2-0.

Después de recibir el balón en el área tras un toque acrobático del español Jordi Alba, «Leo» Messi se hamacó y, custodiado con atención por cuatro rivales, con el revés de su zurda coló un pase para la entrada por el sector derecho de su compatriota Benjamín Cremaschi. Nadie sabe cómo lo vio, ni cómo hizo para que la pelota se deslizara con limpieza por entre medio de tantas piernas.

Gran maniobra entre Alba, Messi y Cremaschi para el 2-0 de Inter Miami CF sobre New York Red Bulls.

Lo cierto es que Cremaschi llegó hasta el fondo y centró para que el crack, que no se enamoró de su genialidad, sino que siguió la jugada, firmara el 2-0 definitivo, que supuso su undécimo gol en nueve partidos con la camiseta rosada de «Las Garzas».

«¡Dejá… te volviste loco, enano!», exclamó en las redes sociales Ángel Di María, uno de sus intérpretes en la selección de su país. «¿Cuántos ojos tenés, chabón?», suscribió el zaguero Nicolás Otamendi, otro de sus compañeros en la Albiceleste.

Sí. Definitivamente, Messi se volvió loco.

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